La ampliación de la ley del matrimonio es una obligación.
No existe discusión posible ante los hechos: hay un sector de la población que tiene una necesidad, y vamos, es una necesidad bastante básica, casarse para formar una familia, poniendo en un marco legal su unión, para tener los beneficios legales que de esa unión se desprenden. A una necesidad, existente, pública, hay que pensar y legislar una solución, y punto. No existe tal cosa como un debate porque no existe tal cosa como una posición contraria que sea seria y con sentido común.
La Constitución obliga al estado a proteger a la familia, y protege la libre determinación de las personas para elegir su plan de vida, sin interferencia del estado. Del caso Arriola se desprendió, en el dictamen de la Corte Suprema que: “El estado no puede establecer una moral sino garantizar un ámbito de libertad moral” y no puede penar “conductas que son, justamente, el ejercicio de la autonomía ética que el estado deber garantizar”. Si alguien que se oponga a la ampliación de la ley del matrimonio tiene un argumento tan razonable como este, me gustaría oírlo.
Y en esto el matrimonio es la institución fundamental para la protección de los derechos humanos de los integrantes de una sociedad que se apoya en el núcleo familiar como unidad de desarrollo, de él dependen sobre todo los derechos de los niños.
Según la corte Iberoamericana, los principios de igualdad e igual protección ante la ley y no discriminación determinan que los estados remuevan de su legislación cualquier disposición discriminatoria. Entonces ¿Cuál es la discusión? Es claro que hay que ampliar la ley del matrimonio.
La iglesia clama que las leyes internacionales definen matrimonio como “la unión entre hombre y mujer de cualquier raza, nacionalidad o creencia religiosa”. Bueno, si esta definición ya no se comprueba con los hechos, es evidente que lo que hay que cambiar es la definición, no los hechos.
Se puede discutir cualquier tema, claro que sí, yo soy de los que creen (a mi manera soy un hombre de fe) en aquel mandamiento según George Carlin: Cuestioná todo.
Pero para tener una discusión hay que tener dos posiciones, y ambas deben estar fundamentadas por lo menos con las mismas herramientas, en este caso, como lo que se discute es una ley, pienso yo que la herramienta para cuestionar o no, es el sentido común, esto incluye cualquier dato y estudio serio que se pueda aportar para ampliar nuestro conocimiento del tema.
Para aclarar este punto, porque no quiero pecar de autoritario, voy a revisar las posiciones que se oponen a la ampliación de la ley del matrimonio brevemente y a revisarlas desde lo que yo creo que es un poco de sentido común.
En primer caso Jorge Mario Cardenal Bergoglio S.J. superior jerárquico de la Iglesia Católica de este país, una institución poderosa e influyente en la opinión pública, una religión de orígenes paganos, que tiene el mérito revolucionario de democratizar la entrada al cielo (cualquiera puede ser perdonado y no solo los aristócratas), y que dice ponerse siempre del lado de la gente, y que no obstante, hace 500 años no hace más que ponerse estrictamente del lado del dinero y de la derecha. Por suerte entre 50 años y varios siglos después de cada genocidio o masacre, sale un señor muy mayor a un balcón en Italia y pide perdón públicamente. Santo remedio.
Este señor, averigüen su biografía, es posiblemente una de las personalidades más nefastas con que contemos hoy día, tuvo el buen gesto de presentar el 25 de mayo (el mismo día del bicentenario) un pedido de amnistía firmado por los ex dictadores Jorge Videla y Benito Bignone y un centenar más de alegres hijos de puta. Esta carta hablaba de un día propicio para el perdón, para el borrón y cuenta nueva, todo muy bien redactado. Como faltaba la nota de estilo, el poder ejecutivo devolvió la nota sin comentarios. Pero, al ser acusado por el periodista Horacio Verbitsky de colaborar con la dictadura tubo el tupé de negarlo todo, y decir que era una campaña de desprestigio en su contra para manchar su candidatura al papado (si, este señor fue muy considerado para ser el sumo pontífice). Seguramente Horacio Verbitsky tiene altos intereses y negociados con el actual papa que confirman esta hipótesis… Realmente muy buena defensa.
La lista de locuras de Jorge Mario continua, dejando en claro que para ser un hijo de puta no se puede ser ningún boludo. Pero voy a ir directo al grano, su explicación de por qué no debe ampliarse la ley del matrimonio es realmente caricaturesca. Antes de esto quiero poner en claro que respeto cualquier religión, pero pienso que si la iglesia católica dice que dos personas que se aman deben festejar su unión con el santo matrimonio, pero que dos personas del mismo sexo no pueden casarse, aunque se amen, deberían revisar sus contradicciones antes de meterse en este embrollo.
Jorge María dice que se trata de “una guerra de dios” contra “el padre de la mentira” (Satanás para los no entendidos) que pretende “destruir el plan de dios” y la ley divina “grabada en nuestros corazones”. Para que me voy a poner a contestar yo a estas burradas si ya lo hizo un tipo mejor posicionado como Oscar Gonzales, vicejefe del gabinete de ministros:”…llama al odio entre los argentinos. Quien debiera estar predicando la paz y la tolerancia anda convocando a una guerra santa”.
Es claro que no es una guerra, y que de santo el asunto no tiene nada, es una cuestión de derechos para un sector de la población que ridículamente todavía no los tiene. No somos un pueblo sano de esta manera. Hay que bajar un poco el tonito de los argumentos como: “los hijos de un matrimonio gay podrían volverse gays!”, por supuesto que sí, igual que los hijos de un matrimonio heterosexual, no hay nada de malo en esto y cualquiera que exprese tal burrada debería ser denunciado en el INADI, lo mismo que: “no es normal”, vamos, un poco de cabeza al asunto.
Otro argumento fastidioso es el de “hay temas más importantes” bueno, justamente, entonces que se resuelva de una vez, lo que es obvio que hay que resolver, esta no es una discusión. Si una pareja heterosexual y católica llega a la iglesia y no la dejan casarse, indignadísimos armarían un escándalo y la cosa se resolvería brevemente. Hay que entenderlo: Este es el mismo caso. El mismo. Dos personas con igual derechos que todas las demás, que no pueden casarse, festejando una unión de amor y formar una familia sin ningún argumento razonable.
Otro caso mucho más grave todavía es el del obispo auxiliar de La Plata Antonio Marino. El sostiene que hay estudios según los cuales las personas homosexuales son ansiosas, consumen drogas, se suicidan, y no pueden mantener relaciones estables, que tienen hasta 500 parejas, sus relaciones no duran más de tres años y son treinta veces más violentos. Este boludo incluso reconoce el derecho de los homosexuales a casarse… siempre que sea con una persona de otro sexo.
Antonio Marino tiene un desparpajo tan naif que da risa, pero resulta mucho más grave que presente supuestos informes de orden científico, debería marchar preso en cualquier país serio. Evidentemente no conoce mucho de matrimonios entre heterosexuales, hoy día hay prácticamente igual cantidad de divorcios que de casamientos, y la infidelidad… bueno. No hay institución más adulterada que el matrimonio, y ni hablemos de antes de la ley del divorcio.
Dijo Marino: “¿Qué habrá que enseñar en las escuelas si se aprueba esta ley inicua que se está preparando en el Congreso de la Nación? ¿Habrá que enseñar a los chicos todo lo contrario de la verdad?”, apuró el arzobispo a padres y estudiantes de escuelas religiosas convocados a la plaza San Martín. Ante esto, Pablo Roma, titular del Inadi provincial, consideró que “lo que hay que enseñarles a los chicos es a ser ciudadanos, y para eso lo invitamos a monseñor Aguer a profesar la igualdad de derechos para todos y todas”.
El argumento más insidioso de Marino es que “no se discrimina a los padres por no poder casarse con sus hijos, del mismo modo, no se discrimina a los homosexuales por que no puedan casarse entre sí, el matrimonio no es un derecho universal”. De nuevo la patologización de la homosexualidad.
Este argumento es una vergüenza porque pretende empatar la homosexualidad con el incesto. El incesto y la antropofagia son los dos “interdictos fundamentales de la cultura” según Hegel.
Esto quiere decir que son los dos principios necesarios para empezar una sociedad. Es una verdad científica que hay efectos biológicos difíciles de tratar para hijos de la unión entre padre e hija o madre e hijo. Mientras que de los supuestos estudios que Marino dice estar citando no se sabe nada, ni hay sustento científico para el supuesto daño psicológico para hijos de una pareja del mismo sexo.
Además, tratando de explicar al nefasto “orden natural” se pisa solo, explicando que “el orden natural es aquello que escapa a la potestad del legislador”, pone por ejemplo que si “todos los congresistas quisieran legislar que el hombre es algo que no es, por ejemplo, cuadrúpedo, el hombre seguiría siendo lo que es, bípedo”. Justamente, aunque se los prive de derechos, una pareja de dos personas del mismo sexo con un hijo, seguirá siendo lo que es: Una familia. Con iguales chances que cualquier otra de desarrollarse en un ámbito de amor.
Marino afirma que en los hechos, en los países donde ya existe la ley, los homosexuales que finalmente se casan son un porcentaje muy pequeño de la población homosexual, y que disminuye notablemente el matrimonio heterosexual. Primero que esta no es una razón en contra ni a favor, sencillamente es, y no tiene importancia la cantidad de gente que se casa, sino la igualdad de libertades para todos los ciudadanos, y segundo que no se puede tomar una muestra estadística seria antes de que pase un tiempo considerable, la ley es muy reciente como para conclusiones de este tipo.
Para otro argumento nefasto como “los animales no lo hacen, no es natural”, cabe rectificar: los animales si lo hacen, todo el tiempo, nuestros antepasados lo hacían (para los griegos incluso era normal entre maestros y discípulos) y la experiencia homosexual es parte conformante de la sexualidad del sujeto según Freud.
Cualquier persona normal piensa que tener 500 parejas sexuales en la vida es una gran cosa, de hecho, conozco gente que hace alarde de muchas menos, y que no pueda tener una pareja estable por más de tres años señor Marino, no tiene que ver con su elección sexual, sino con un mal moderno, que usted no está preparado para ver. Además de que poner el ojo en la cantidad de sexo que las personas tienen o dejan de tener, desviando la atención a un tema absolutamente secundario e irrelevante y todo desde la óptica de un tipo que juro celibato de por vida, digamos que no es una opinión muy calificada para la discusión. Para prueba de que el sexo es la cosa más natural del mundo deberían bastar la infinidad de casos de homosexualidad entre curas. Da la sensación de que hace tiempo la iglesia debería ser más indulgente con su mirada de la sexualidad, y su tonta equivalencia a la pureza.
Estigmatizar de esta forma a los homosexuales es una forma clara de discriminación, y debería ser penada, Marino fue advertido varias veces ya por el INADI de La Plata, y además frena una discusión que es importante sobre las pareja transgénero, para la que evidentemente esta gente no está lista.
Yo creo que la iglesia deberá aceptar la ampliación de la ley del matrimonio antes o después, por una razón fundamental: El dinero ya no está interesado en el resultado. Hoy día los medios de publicidad han avanzado al punto que se puede apuntar la publicidad al individuo, y no al núcleo familiar, de modo que el dinero ya no está interesado en quien ande con quien, de hecho, yo creo que prefieren a los individuos solteros, modernos. Esto lo digo desde la tribuna, pero estoy seguro de que un estudio honesto daría resultados sobre esta hipótesis.
El Obispo de La plata, Héctor Aguer, dijo que era una guerra cultural contra el catolicismo. Guerra cultural que iniciaron ellos mismos. Porque honestamente, no creo que haya muchos homosexuales católicos (declarados o no) que les caiga bien esta postura.
Héctor Aguer y Jorge Mario Bergoglio eran la mano derecha de Antonio Quarracino, otro progresista, que en el 94 proponía que lesbianas y gays eran una mancha en el rostro de la nación y que habría que ponerlos en un ghetto donde pudieran hacer lo que quisieran. En base a ideas como esta, en que el orden natural es uno y cualquier violación a este orden es demoniaco y punible con la muerte es que bendijeron a la dictadura militar que corto la Argentina al medio hace ya 34 años (e hizo lo propio con toda Latinoamérica).
Acá no se trata de matrimonio para los gays, sino de igualdad de derechos para todos. La ley de adopción no discrimina el sexo de la pareja que adopta, pero es la ley del matrimonio la que impone (artículo 172 del código civil) que los contrayentes sean un hombre y una mujer. Por lo tanto el hijo puede ser adoptado, por nadie, porque la pareja no tiene derechos constitucionales como tal.
La nueva ley de matrimonio que presentó Vilma Ibarra a partir de varios fallos de inconstitucionalidad del artículo 172 de varios jueces que permitieron el matrimonio entre dos personas del mismo sexo, tampoco obliga a la fidelidad ni a la cohabitación. De leyes como esta hay antecedentes desde un proyecto presentado por la CHA en el 2005.
Bergoglio, ni lento ni perezoso presentó su propio proyecto, que trata de hacer aprobar por cualquier medio, que acepta el matrimonio civil pero priva de derechos a las personas del mismo sexo, incluso incluye una “clausula de conciencia” por la cual cualquier funcionario que tenga que tratar con esta ley puede negarse a tratar con homosexuales. Y que prohíbe derechos actualmente vigentes para personas de cualquier orientación sexual como la fertilización asistida o la ya mencionada adopción. A esto llaman el senador Bertolozzi de Bogado y demás que apoyan el proyecto: “una solución intermedia”. En cualquier país normal sería un chiste.
Otra de Bergoglio es citar a una marcha el martes 13 (un día antes a que se trate el proyecto de ley de Ibarra en el senado, pidiendo a todos los colegios religiosos, subvencionados por el estado, que saquen a los chicos a la calle con el lema “queremos mamá y papá”. Este acto fantasma, con chicos que no tienen una clara opinión formada sobre el tema, obligados a marchar por una consigna que no entienden, es un acto de fe. La marcha del orgullo gay, en cambio, donde muchísima gente, a través de un mensaje de amor, pide lo que es justo, es una abominación.
Así estamos.
Jorge Mario Bergoglio Dijo: “Está en juego la vida de tantos niños que serán discriminados de antemano privándolos de la maduración humana que Dios quiso se diera con un padre y una madre.”. Amenaza directamente con discriminar. En la misma línea, hace poco una editorial del diario La Nación declaraba el miedo que los chicos deben tener a ser maltratados por sus compañeros por no tener una mama y un papa. La amenaza es un recurso nefasto, apuntar al miedo es bajo, desalmado y sucio.
El miedo es una excusa, dejémoslo claro, no se puede apuntalar un argumento como el miedo, es nefasto, peligroso, y no debería ser permitido, y mucho menos tomado en cuenta.
En 1888 se dictó con gran escándalo la ley de matrimonio civil, que decía que los derechos de las personas casadas eran protegidos por el Congreso de la Nación y no por el papa de roma. Recién en 1888, hasta ese entonces el único casamiento posible era a través de la iglesia católica.
66 años más tarde la ley de divorcio, otra solución a las claras lógica y necesaria, fue una de las causas del golpe militar del 55 (promovido y organizado por la iglesia), y de hecho fue anulada con un decreto de facto. Este decreto fue declarado inconstitucional recién en la década del 80. Hace apenas 20 años que la Organización Mundial de la Salud quitó la homosexualidad de su lista de enfermedades.
Somos una sociedad absolutamente anormal si no podemos ver este problema con la óptica del sentido común, es incomprensible y una vergüenza que una supuesta “tradición” o un supuesto “orden natural” nos frenen de pensar lo que es lógico y absolutamente normal.
Que dos personas que se aman puedan casarse, formar una familia, tener hijos, si las cosas no les salen bien disolverla e intentarlo de nuevo, debería ser el derecho natural, y debería ser para todos igual. La homosexualidad no es en ningún aspecto diferente a la heterosexualidad. Somos una sociedad absolutamente anormal y habría que repensar nuestros postulados morales.
Quiero terminar por decir que respeto a los católicos o a cualquier otra elección religiosa, pero claramente Bergoglio como máximo representante de la iglesia católica Argentina, y sus seguidores están en una postura irresponsable, intolerante, de odio y discriminación, que contradice todos sus principios básicos de amor y hermandad entre las personas que dicen defender.
Ariel Martínez Herrera.
Esta nota es en muchos aspectos una reescritura de la nota “La inquisición” por Horacio Verbitsky publicada hoy Domingo 11 de Julio en Página/12. Las menciones al propio Verbitsky son un agregado mío, así como datos tomados de Wikipedia y de otras notas periodísticas. Esta es una opinión independiente y si se quiere, poco calificada, elaborada con el único objetivo de sentar mi opinión sobre el tema, porque me siento compelido a hacerlo.
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